El pase de diapositivas requiere JavaScript.

     Es muy curioso cómo desde niño le he llamado “mita”, a consecuencia de no poder pronunciar “abuelita”. Ha sido hasta hoy que realmente pensé en su nombre. Lo medité, lo contemplé, lo pronuncié en mi mente, lo pronuncié con mi boca, lo digerí, lo volví a imaginar, lo proyecté con la imagen de una mujer, de una niña caminando en Madera sin huaraches, golpeándose con las rocas de caminos terrosos, siendo muy querida por su padre, mezclándose entre indígenas rarámuris, casi volviéndose uno de ellos, viviendo una vida simple, comiendo pinole con sus manos doradas por el sol serrano y la altura de las montañas. Qué lindo suena Elba.

Así creció. Entre la dulzura del bosque que, por cierto, pinta el origen de su nombre proveniente de las altas montañas de Irlanda y que a su vez se contrapone a su tez morena clara de tarahumara; Elba proviene de Elvia, que significa rubia en celta, aquella cultura en la que, al parecer, Dios labró un camino invisible hasta la eterna fortaleza de esta mujer única, siempre viendo desde arriba, no por soberbia sino por clase, por inocencia y por educación. El tiempo tejió sus años en “La Tarita”  y lo complementó con su bondad. La vida trazó un cuento donde cualquier otra se hubiese quebrado ante espinas que aparecen entre rosas. El prólogo de su infancia estuvo envuelta por una vida humilde llena de nobleza y mucha cocina, que hasta el día de hoy, es un reflejo directo de su amor cálido y sin debilidades. Cada hoja que escribe lleva tinta de valentía. No importó nunca estar sola, no importó la violencia, no importaron las 538 cirugías que se ha hecho (algunas de esas sin anestesia), no importó el abandono, no importó la traición, no importó la pérdida, no importó el engaño, y no importó nunca la vergüenza. Como un buen café, Elba se adaptó a cada situación. Si el agua hierve, ella se convierte en aroma dulce para el alma. No se endurece, no se ablanda, sino que modifica la esencia. Nos modifica la esencia.

Desde el dolor y sobre la cima, ahí sentada tranquila y serena en una silla de leño, he sentido su incondicional cariño que ha sido parte fundamental desde mi infancia. Tengo tanto que agradecer que aunque intente describirlo, jamás comprenderé la victoria que Elba consigue cada momento que la antipatía visita su puerta. ¿En qué instante, las abuelas obtienen esta sabiduría ancestral? ¿Cómo se ama de esa manera? Debieron ser las montañas o el bosque o la mata. No. No nos regaló su amor sino que ella misma se convirtió en amor. Te mereces toda la bondad del universo. Te mereces todo. Qué lindo suena Elba.

Gracias por enseñarme desde el ejemplo, Mita.

Anuncios

Un comentario en “Elba

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s