“Esa Brillante Sencillez”

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Es poca la gente que tiene una fuerza sobrenatural para oponerse a los huracanes de pólvora que la frontera ha puesto en su paso. Ciudad Juárez no se anda con rodeos, no juega, no bromea, se asemeja a un filme pero te engaña, te abraza pero si te descuidas te mata. Te tortura y te mata. Con todo y esa sensación de calidez y calidad humana, aquí la vida se aprende a valorar y cada día algunas decisiones te pueden llevar hacia el fin o hacia momentos de verdadera alegría. Esta es la ambivalencia de la frontera y esto es lo que ha forjado a seres humanos de corazones infinitos, de generosidad inagotable, y de vez en cuando el universo nos regala algunos de estos héroes.
Notas, deseos, agilidad, valentía, objetividad, transparencia, investigación profunda, amor, y un buen día Linda Bejarano y Manuel Gómez coincidieron. De esos tiempos programados que trazan destinos, que dan frutos que inspiran y que dibujan historias que hacen vibrar la piel. A veces, la pasión por lo que uno hace conduce a la muerte pero ya el simple hecho de vivir es arriesgar. El sacrificio y el compromiso social es tanto que uno arriesga obsequiando espacio a la vida para protegernos de la dinamita. En el 81’, el par periodístico se casó.

La siguiente primavera llegó y un buen día nació Alejandra. Para bien de nuestra frontera, Ale creó una unión más fuerte entre Linda y Manuel que los lanzaría en un futuro en la equidistancia de una lucha social. Por aquellos años, Manuel ya laboraba como periodista estelar del canal 44, cuando su esposa comenzó también a formar parte del equipo de la televisora. El resultado fue el de un dúo estupendo. Linda aportaba una inacabable determinación y Manuel la experiencia y la astucia. La pareja comenzó a ser muy distinguida en Juárez, cuando otro buen día de un agonizante invierno nació Karla. El evento unió aún más a los Gómez. La familia estaba completa.

Hay ocasiones donde los paradigmas de la vida se rompen. Según Elisabeth Kübler-Ross, médica psiquiatra de prestigio mundial (invirtió su vida en investigar el fenómeno de la muerte), la única finalidad real de nuestro paso por la vida es el amor incondicional. De acuerdo con la doctora, cada decisión que tomamos debemos tomarla en relación al amor incondicional de uno mismo o de alguien más. Esa es la lección que venimos a aprender. Tiene sentido creer que ese es el objetivo de nuestras vidas pero cuando nos vemos revueltos en el remolino del caos, nuestras plataformas morales tiemblan y a veces nuestro entendimiento se ve nublado por una confusión claramente comprensible.

Otra primavera pero del 1988, la pareja, la abuela paterna, y un amigo de Manuel, salieron a pasarlo bien y a comer en un restaurante conocido de la ciudad. Poco se imaginaban que el viento de la noche iba a traer consigo una borrasca de balas. Poco presintieron los cortes de las descargas encapsuladas que estaban a nada de ser expulsadas desde terribles manos dantescas. Los petardos erosionaron el silencio de la Plutarco Elías Calles. Manuel fue gravemente herido. Tres perecieron. Cuatro con el bebé que Linda esperaba. Esa noche habían salido para celebrar la noticia.

La tragedia hizo gran ruido en la ciudad, en otras partes del país y llegó a ser publicada en el New York Times. En Tijuana se levantó un monumento a Linda Bejarano. Mucha gente sufrió el impacto del ataque. Manuel sobrevivió pero más punzante es el dolor de sobrevivir a tanta herida en el alma, cuestionando a Dios, cuestionando al mundo, cuestionando a los asesinos, y al final, cuestionándose a uno mismo. Quién alivia ese sufrimiento dejado? Quién puede menguar el agujero negro arpado en el corazón de las niñas y del padre? Incuestionable es que todos se pregunten la razón de la tragedia. Sin embargo, aunque las hipótesis sean muchas, nadie mejor que el mismo Manuel para calibrar esos infernales paralelismos rotos de la vida. Aquel caballero, que me dio la dicha de conocerlo sobre todo a través de sus hijas, proyectaba siempre una ecuanimidad única e infalible.

Sorprendentemente, ya recuperado, Manuel, con su sabiduría y con ese corazón claro, optó por los caminos compuestos dando lugar a ese entendimiento de la vida. Dejó a un lado la terracería y el fango y se redimió ante el amor incondicional. Sin embargo, nunca se detuvo. La constancia por luchar contra la injusticia nunca dejó de ser un dogma en sus creencias. De la televisión emigró a Radio Net para seguir alzando la voz, los desacuerdos y la gran arbitrariedad de tantas acciones torcidas en las que el gobierno se ha visto embadurnado.

Hace poco tiempo que Manuel perdió su última batalla. Mucha gente echa de menos su valentía, su humildad, sus bromas y sobre todo su calidad humana. Finalmente, la vida y la muerte se alinearon, y Linda encontró su maridaje perfecto. Como las flores asombrosas que nacen en medio del desierto, Alejandra y Karla brillan con fuerza. Imperan y dejan el pasado oscuro, resaltan el presente colorido con sus pétalos, se cuidan a sí mismas con sus espinas, y conservan su humildad en silencio, así, así como las flores del desierto. Y no existe mejor reseña que la misma de Manuel para describir la vida y el vestigio de los Gómez Bejarano:

“¡Esta es la grandeza! Darle la exacta dimensión a la brillante sencillez”.

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