Desde mi Hamaca

Porche, Sunset Heights.
Porche, Sunset Heights.

Llega la tarde y los prismas del cielo encadilan mi pensamiento. Ya he olvidado el enturbamiento del día y los colores híbridos de las auroras boreales fronterizas hipnotizan mis neuronas. Me he entregado sin siquiera saberlo, me he rendido ante su espectáculo sublime y me he resbalado por el tobogán incontrolable de la naturaleza. Veo a una mujer de anatomía generosa diluyéndose a lo lejos. Su diversidad étnica brilla como una luciérnaga en la oscuridad. Me dirige una mirada y por un instante me siento en los arrabales más vulgares. De pronto, su belleza crece y me abrasa, me quema, me vuelvo ella, ardo, mi sangre burbujea, revienta, y me expulsa. Una vez más el cielo me ha engañado, me ha humillado, y ante su grandeza, vuelvo, me recuesto, y me entrego. Siempre le pertenecí, siempre me arrodillé y siempre será mi verdugo.

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